CAPÍTULO 38
Hace mucho tiempo que dejé de sentir eso que llamaban amor, la verdad, que dejé de sentir tú amor.
Hace mucho tiempo ya que dejé de mirar tus fotos cada dos por tres, la verdad, hace mucho tiempo que te superé.
Y no sé, por qué hoy te vine a recordar. Tal vez sea porque más que nunca oigo tu nombre, o porque veo a personas parecidas a ti en todos los sitios donde miro, o simplemente porque esté conociendo a otro chico y tenga miedo de sufrir tanto como sufrí contigo.
La verdad, que no es nueva esta sensación. Sí, ya sabes de la que te hablo, esa en la que sientes un cosquilleo por todo el cuerpo, sí ese cosquilleo que a los más cursis les gusta llamar como ''mariposas en el estómago''. O la sensación de sentirte una completamente idiota cada vez que miras su última conexión, y sueñas con tener algo con él, como te ríes de esos chistes malos que cuenta y de cada una de sus boberías, y como no olvidar la sonrisa de embobada que no abandona tu rostro hasta haber pasado un buen rato.
Sí, esa sensación la hemos tenido todos, unos más veces que otros, bien es cierto, pero para nadie es nueva.
Aunque, he de admitir que ahora esta sensación viene acompañada de una nueva, el miedo a que nos hagan daño. Y sé que es típico, que nos hartamos de oír esto miles de veces, pero en cierta forma, es verdad.
Una vez que nos hacen daño tenemos miedo a que nos vuelva a pasar. Y es ahí, cuando desconfiamos de todos. Pensamos todo el rato mal, cada vez que nos piropean es para reírse de nosotros o simplemente por compromiso.
Y pensar así está mal, porque a veces no todos son iguales, hay excepciones, pero tenemos tanto miedo, que las dejamos escapar y apenas las apreciamos. Las dejamos ir, sin importar lo que nos pueden aportar, siendo tan estúpidos de dejar aquello que de verdad nos podía haber aportado la estabilidad y felicidad que le faltaba a este rompecabezas que es la vida.
Aunque también es cierto, que a veces el desconfiar sienta bien, ya que te previene de futuros engaños, errores, y llantos. Porque cada vez que conoces a alguien tendrás ese miedo a caer en sus redes, a ilusionarte.
Porque es cierto. A mí ya hasta el hecho de ilusionarme me tira para atrás. Porque ahora les ha dado a todos, ya no solo hablo de ti, sino a todos los hombres de este planeta, a hablar mucho, a decir mucho te quiero, a llenarte de halagos bonitos, a regalarte el oído, a decirte simplemente lo que quieres oír, que todos han olvidado los actos. Que son los actos los que deben reinar en las relaciones, son los actos lo bonito, maldita sea, todos han olvidado que era eso. Lo bonito que era que te trajeran un ramo de flores a tu casa, que te regalaran una caja de bombones o simplemente que te invitaran al cine y luego una partida de bolos o que te enseñaran a jugar al billar y así tener una excusa para abrazarte. Pero se ve que eso ya no es lo que gusta, ahora los actos se reducen a ponerse detrás de ti mientras bailas una canción, a decirte lo guapa que vas esa noche y besarte. O mejor aún, a pedirte el WhatsApp, raspar o ligar dependiendo de la clase de chico que seas y listo. Eso son los actos de hoy en día.
Sinceramente resultan todos unas copias baratas, una imitación, que carecen de importancia a día de hoy para mí. Con tanta palabrería lo único que demuestran es que a la hora de la verdad todos son iguales, y es ahí cuando las excepciones dejan de ser factibles y creíbles, y te encierras más en esa coraza que te has forjado a tu alrededor, porque es cierto que todos chocamos dos veces con la misma piedra, pero yo ya me harté a caer y levantarme con uno peor.
Bueno, que me estoy enrollando y solo quería decir que hoy me he dado cuenta de que cada día te echo más de más que de menos.
Que espero que todo te vaya bien. Que espero que hayas conocido a otra y que a esta no le hayas echo lo que a mí.
Sé que todos nos queremos enamorar. Enamorarse y ser correspondido es lo más bonito que hay según dicen en Moulin Rouge. Y tal vez, yo me vuelva a enamorar, tal vez la persona adecuada llegue en el momento adecuado, o a lo mejor no, y llega de imprevisto y trastorna todos mis planes. Pero algo tengo claro, esa vez, será diferente. Es decir, hasta que no aporte no me importará. Y ganará mi amor, cuando demuestre con hechos y no con palabras. Cuando anteponga los actos a las conversaciones en línea.
Pero hasta que ese día llegue, yo, me quedo aquí, recordando los recuerdos que había dejado escondidos en la caja de los errores de mi vida.
Susana deja de escribir con lágrimas en los ojos. Hacía mucho tiempo que no escribía lo que pensaba.- Menos mal que ese blog es anónimo, sino que vergüenza-. Piensa.
Por una fracción de segundo decide darle a la tecla de eliminar y borrar esas tres páginas que ha escrito, pero algo le hace cambiar de opinión y la tecla que pulsa es la de enviar. Y todo lo que había callado y guardado, se encuentra ahora circulando por la red.