<< Recuerda, no estás solo. Yo estoy aquí, junto a ti >>.
- Recuerdo, que siempre me decía esas palabras. Siempre, antes de dormir, cuando tenía miedo, venía a mí, me acurrucaba y me decía eso.
- Es muy bonito, ¿por eso te las tatuaste?
- Sí. Ella se fue, y ya no tenía a nadie que me las dijera. Pensé que sería una bonita forma de recordarla. Hay personas que lloran cuando pierden a un ser querido durante muchísimo tiempo, que se visten de luto, que no se permiten el amar a otra persona tanto como lo amaban a él o a ella, que se encierran en su propio dolor. Yo no. Cuando ella se fue, no supe llorar, tal vez fuera porque era pequeño, solo tenía 12 años cuando ella se marchó. O simplemente fue porque sabía que llorando su pérdida no solucionaría nada, ella se había ido y me había dejado solo en este mundo, y aunque suene cruel, sabía que por muchas lágrimas que derramase ella no volvería conmigo.
Antes de que el chico pudiera continuar, ella lo interrumpió. Sabía que si seguía escuchando su historia, las lágrimas serían imposibles de interrumpir.
- No sigas si no quieres, de verdad. No hace falta.- Dijo ella con los ojos húmedos. No entendía como esa historia. La historia de un desconocido hubiera podido causarle tanto dolor. Tal vez, si que lo sabía. Él, no era un desconocido. Era ese chico que se sentaba en la última fila. El sobrino de su vecina Lola. Era el chico misterioso. El cual, era el protagonista de tantos rumores en el instituto. No, para nada era desconocido.
- No Alicia, quiero seguir. Yo sé tú historia, ahora te toca saber la mía. Antes me preguntaste que por qué era así, simplemente quiero responderte. Soy así por las experiencias y golpes a los cuales me he enfrentado en esta vida. Sé, que la gran mayoría cuando me ve piensa que solo soy el chico de la capucha, el que está lleno de tatuajes, el que escucha rock, el de la dilatación. Sé, que decís eso a mi paso. Pero éste es mi estilo de vida, y lo elegí en un momento delicado de mi vida. Puede que no tenga sentido, lo sé. Pero, estaba solo. Perdí a mi padre nada más nacer, nos abandonó a mi madre y a mí, ella me crío. Y un 14 de octubre se marchó y me dejó solo. Viví con mi abuela hasta los 16 años, fue ahí donde me tatué por primera vez. ¿Lo ves? Esta frase es la que mi madre me decía, el que tengo en el pecho es el loro de mi abuela, esta fecha es la del cumpleaños de mi madre y ésta la de la muerte de mi abuelo. Tengo muchos más, y todos con historia, no por moda.
El chico se para, sabe que ella está llorando. Se imaginaba que hoy no era un buen día para que ella conociera su historia. Pero cuando la vio salir de aquella cafetería con los ojos rojos de haber estado llorando, supo que necesitaba ir con ella. Y aunque parezca extraño, la abraza.
- Lucas, lo siento tanto. Siento todo lo que te dije antes, soy una estúpida de verdad. Yo...
- Shhh, tranquila ya pasó. ¿Quieres que te cuente una historia?
- ¿Tuya?, no te ofendas, pero si va a ser tan triste como la otra, no, por favor.- Una sonrisa se forma en su rostro una vez terminada la frase. Él, en ese momento, viéndola sonreír, a pesar de tener el rostro negro por el maquillaje y los ojos rojos de llorar tanto, le parece preciosa. No puede evitar volver a abrazarla. En ese instante, siente la necesidad de proteger a la empollona de la primera fila.
- No, tranquila, con esta historia seguro que te ríes. Trata de cómo me perdí a los 10 años en Disneylandia.
Y mientras las palabras de esa historia salen por su boca, una canción inunda su pensamiento.